jueves, 3 de octubre de 2013

La Crítica y el Karma


         
 

 

Muchas personas se quejan por lo que piensan los demás; la verdad es que a mí también me molesta que la gente no piense como yo, no haga lo que yo le digo, que no me acepten, que no me amen, en fin, que no sean como a mí me gusta. Ja!!! O sea detesto que sean diferentes A MÍ
¿Han notado que casi siempre uno pide que la gente sea lo que uno no puede llegar a ser?
Alguna vez una muchacha me contó que se había indignado porque su marido le hizo notar un error, y cuando yo le recordé que el día anterior, ella lo había criticado por la manera de poner la mesa para el almuerzo, ella se apuró a corregirme alegando que “él la criticó” ella, “solo le hizo un comentario”.
Vivimos luchando porque nos acepten y nos quieran tal cual somos, pero nosotros nos atrevemos a meternos en las costumbres y gustos de los demás, como si hubiéramos sido elegidos por alguna entidad todopoderosa.
Gentes que indican a otros ¿Cómo moverse en la vida? Sentados frente a un sillón. Pero nadie hace nada!!!
Queremos manejar al mundo entero, pero cuando tenemos la oportunidad de hacerlo nos escondemos tras miles de excusas.
¡Ya sé, te preguntarás! ¿Qué tengo que hacer? ACEPTAR
“Me miran” “No me dejan” “La sociedad me consume” “los monopolios nos chupan la sangre”
Si aceptamos que solo nos quejamos desde nuestro Ego, que ese “me miran” es porque “yo existo a través de la mirada del otro” que solito me dejo llevar por el consejo de “otras mentes, otros egos”, si temo ser diferente y quiero seguir a la manada social, porque tengo miedo, no me atrevo a crear,  y si yo mismo, no me ocupo del alma  que tengo más próxima, y exigo que otro lo haga, estaremos todos perdidos.
Aceptando que siempre hacemos algo, para recibir una recompensa para nuestro Ego. Criticaríamos menos y haríamos lo necesario, solo por el hecho de ejecutar una acción que recompense a quien lo necesita de verdad. Ejecutar una acción, por la acción misma y no por el resultado que nos pueda beneficiar.
Ejemplo: Si cada vez que le doy un peso a alguien que me lo pide en la calle, siento que soy “muy bueno y dadivoso” estaré ejecutando una acción para beneficio propio. Si le doy el peso, porque debo hacerlo, porque es mi deber; estaré siendo justo, conmigo y con mi familia humana.
 
Admitir que nuestra mente condiciona.
 
Luego, si aceptamos que, no es que no podemos, a veces,  NO QUEREMOS! Lo próximo es, utilizar el discernimiento, por lo menos en cuanto a la perspectiva.
Ejemplo:
Situación: Un dirigente político, declamando por televisión es visto por dos grupos de personas; un grupo piensa que es bien parecido, joven y dispuesto a trabajar, que no robará porque es millonario, que dice la verdad, que su mirada es sincera y sensible.
 
El otro grupo asegura que, porque es joven es un vago, que por millonario robará el doble (porque la plata llama a la plata) que miente y que su mirada es perversa y fría.
 
En el ejemplo se está hablando sobre una misma persona, en el mismo tiempo, pero con diferentes puntos de vista.  
¿Quién tiene la verdad? ¿Existe una? ¿Desde qué perspectiva se opina? ¿Quién es el que opina?
Existen distintas perspectivas, diferentes formas de ver una misma flor, por ejemplo.
Acepten que puede que no sean aceptados, utilizando el ejemplo del político, no se conviertan en una opinión, porque ésta cambia en cualquier momento, y según la vivencia de la mente que opine sobre ello.
 
Entrecierren los ojos a todo lo visto que pueda ser cambiante, y vean lo profundo con gran amor por la verdad que es perenne; achiquen sus orejas ante las críticas de las mentes y abran los oídos a la sabiduría interior, que nunca se equivoca. Cierren las manos cuando deban apuntar a vuestra familia humana y extiendan sus dedos para dar y recibir lo mejor de los demás.
 
                           Amor para todos! Ténganse Fé, Sean lo que Son!
 
Y para terminar y, aprovechando de vuestra buena voluntad para leerme, queiro darle las gracias a mi maestro Jorge Maldonado, porque gracias a él yo pude experimentar lo que trato de transmitirles a Ustedes, pude trabajar (y sigo haciéndolo) con mi ego gracias a este gran Advaitin  y siento que debido a su infinita generosidad, podré llegar algún día a superar mi dualidad.
Gracias Maestro, por creer en mí, por darme tantas posibilidades de trascender, por enseñarme todo el tiempo, por enseñarme a enseñar!
Gracias  "Nataraja"por danzar en mi vida.
 
NATARAJA NAMAMI SHANKARA
SHIVA RAJA SHIVA, SHIVA, SHANKARA...
 
Gracias Maestro por los comentarios.
 
 

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lunes, 30 de septiembre de 2013

Allí donde despiertan las almas -4 y 5


 

SIN AMOR

 

Frente a un muro de piedra, bancos en hileras, las sombras de las nubes dibujando multitud de tonos de gris en claro oscuro. Mirando unas grietas enmohecidas, una niña imaginaba formas y dioses. Una vez al día, la pared de piedra se volvía transparente, ella y toda aquella gente, podía experimentar aquel lugar, en donde las amas despiertan.

El día sin luz y el descanso sin ocaso, todo lo que uno imagina, sucede; el sol es la certeza de fundirse en el todo, depende del que juega, el quedarse bajo el calor dorado o seguir camino hacia la rueda.

Dhyana, la niña, podía sentarse frente a la muralla varias veces al día.

Una mujer adulta, Gauri, se acomodó a su lado, dibujó un círculo con sus manos repitiendo incansablemente una sola palabra, su cuerpo pareció extenderse para abrigar a la niña, mientras entornaba los ojos para ver también el otro mundo.

-¿Qué haces aquí Dhyana, querida?- musitó desde el mismo corazón de la niña.

-Contemplo.- Dijo la niña, mientras la pared se convertía en un hermoso día de lluvia, los relámpagos se quedaban anclados en el cielo descubriendo millones de estrellas centelleantes, de a ratos, la atmósfera se tornaba de rosa a colorada, de morada a profundamente negra. Las gotas pintaban bellamente el rostro de Dhyana, se volvía hermosa sin sonreír; el aire fresco ensanchaba su cuerpo y lo volvía fértil y generoso, también aparecían unos lindos ojos, para adorarla torrencialmente.

Gauri, eligió perderse el momento y cerró del todo los ojos. En el mundo de la niña sin amor, solo el dolor era protagonista. Pena profunda, recóndita soledad.

 

El tiempo se había terminado, la pared volvió a surgir. La dama pudo ver, a la niña dibujando su experiencia en un mantel de azul arabescos, hasta que el dedo, que era su lápiz, comenzó a inflamar. Un desierto era su cosmos, nadie sabía que ella existía, no había con quien hablar y con quien poder ser niña, tan pequeña era, con tan inmensas preocupaciones, si no existieran esos bancos de piedras, estaría ciega, sorda y muda. Tanto penaba Dhyana, por lo que se le había quitado un día, que añoraba olvidarse que lo había tenido.

En el mundo establecido para Dhyana, era la vergüenza un sentimiento acostumbrado, si no fuera por el bochorno, le hubiera gustado ser diferente. Valerse por sí misma también era un problema; cuando uno está rodeado de tantas manos que pueden dar ternura, es imposible acostumbrarse a la caricia de un golpe.

Dhyana perdió su existencia entre las miradas despiadadas y la indiferencia, aunque agudizó su mirada de las cosas, el salero de la mesa tenía doce agujeritos de la misma circunferencia, el aceite pegado al vidrio parecía cera de abejas, las voces de aquella familia, se alejaban entre los laberintos de arabescos, ¡Hasta parecían verdades los veredictos de locura!

 Los niños que jugaban en la vereda no compartían su mismo paso, aún aferrada a sus manos, ella se sentía a muchos kilómetros de distancia. Prefería parecer, estar cerca, se dibujaba una picara sonrisa; bufón era, actriz y cantante de una mojiganga de ella misma… como para poder reírse de algo.

-Nadie con quien hablar y contarle mi eterna pena, cansada de tratar de vivir mi niñez, frustrada por no crecer rápido, incapaz de poder imaginar el sentido que pudo haber tenido mi nacimiento, si así he de morir. ¿Solo por el hecho de existir, he venido? ¡Por eso visito el muro, porque aquí estoy sin amor!- dijo Dhyana, levantando la mejilla del mantel.-

-Algo mejor deberá sucederle.- Pensó la mujer.


                                                                                               Continuará- con el 6-

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Asado!!!



Alejandro haciendo el asado en plena lluvia y Jorge Mldonado haciendo el aguante!

Asado Advaita



Voy cumpliendo con las fotos comunidad!!
Jorge Maldonado hablando de Tantra -Mariela Lopez- yo (el burro por delante) y Silvina

Allí donde despiertan las almas -3-


Hasta la misma tierra vibraba bajo los pies del chiquillo, no supo qué hacer; todos sus movimientos, causaban alguna especie de dolor.

-Tal vez por ello, antes no quería ver- Le contestó a Amón como si éste le hubiese hablado.

Se quedaron varias horas sentados, espalda, contra espalda.

 

En donde se posara la mirada, se formaba una historia.

 

Una fila prolongadísima de hormigas negras que se dirigían hacia su apeadero, las había de varios tamaños; las guerreras eran las más grandes, las obreras eran muy pequeñas, aunque cargaban hojas enormes sobre  ellas. Algunas llevaban larvas a punto de nacer y otras escoltaban a los cascarudos convivientes. El surco se fue tornando más y más hondo, el pasto se fue apartando por temor y por cansancio, hasta que el cortejo de la reina marcó el claro de la cola del camino. Un ejército de hormigas magnánimas, preocupadas, vigilando los flancos; varias obreras limpiaban las partículas del paso, y ella, la soberana, levantando sus antenas hacia el niño como si quisiera hacerle entender, que no había una razón ni por qué de su acción, solo había que hacerlo.

De pronto, el pequeño, se percató, por el ruido, de que varios gorriones comían de la mano del abuelo; una familia de tres pajaritos robaban las pequeñas migas del piso, dos de aquellas criaturas, padre y madre, parecían ser solo un poco más grandes que los copos de pan, mientras que, el que debería ser el pequeño pichón, les doblaba en tamaño y demandas. Aquella pícara avecilla reclamaba cada partícula de alimento de sus padres, mientras él, robaba del pico mismo, a los gorriones vecinos. Una párvula bolita alada, se plantó frente al niño;  supo que lo miraba  a él, aunque moviera inquieta la cabecilla, le parloteó en su idioma, pero el niño entendió, quería su alimento.

Nunca antes pudo ver aquellas miradas tan  instintivas; había ojos que lo observaban, latían por doquier hasta en lo más impensado.

Aprendió, entonces, que existe otra clase de amor, sin ternura, sin reflexión, sin manos y sin razón.

El abuelo, lo miró tiernamente, rozó su nariz con el dedo índice y el niño volvió a cerrar los ojos.

 

 

                                                                                                            Continuará -3-