martes, 1 de octubre de 2013
lunes, 30 de septiembre de 2013
Allí donde despiertan las almas -4 y 5
SIN AMOR
Frente a un muro de piedra, bancos en
hileras, las sombras de las nubes dibujando multitud de tonos de gris en claro
oscuro. Mirando unas grietas enmohecidas, una niña imaginaba formas y dioses.
Una vez al día, la pared de piedra se volvía transparente, ella y toda aquella
gente, podía experimentar aquel lugar, en donde las amas despiertan.
El día sin luz y el descanso sin ocaso,
todo lo que uno imagina, sucede; el sol es la certeza de fundirse en el todo,
depende del que juega, el quedarse bajo el calor dorado o seguir camino hacia
la rueda.
Dhyana, la niña, podía sentarse frente a la
muralla varias veces al día.
Una mujer adulta, Gauri, se acomodó a su
lado, dibujó un círculo con sus manos repitiendo incansablemente una sola
palabra, su cuerpo pareció extenderse para abrigar a la niña, mientras entornaba
los ojos para ver también el otro mundo.
-¿Qué haces aquí Dhyana, querida?- musitó
desde el mismo corazón de la niña.
-Contemplo.- Dijo la niña, mientras la
pared se convertía en un hermoso día de lluvia, los relámpagos se quedaban
anclados en el cielo descubriendo millones de estrellas centelleantes, de a
ratos, la atmósfera se tornaba de rosa a colorada, de morada a profundamente negra.
Las gotas pintaban bellamente el rostro de Dhyana, se volvía hermosa sin
sonreír; el aire fresco ensanchaba su cuerpo y lo volvía fértil y generoso,
también aparecían unos lindos ojos, para adorarla torrencialmente.
Gauri, eligió perderse el momento y cerró
del todo los ojos. En el mundo de la niña sin amor, solo el dolor era
protagonista. Pena profunda, recóndita soledad.
El tiempo se había terminado, la pared
volvió a surgir. La dama pudo ver, a la niña dibujando su experiencia en un
mantel de azul arabescos, hasta que el dedo, que era su lápiz, comenzó a
inflamar. Un desierto era su cosmos, nadie sabía que ella existía, no había con
quien hablar y con quien poder ser niña, tan pequeña era, con tan inmensas
preocupaciones, si no existieran esos bancos de piedras, estaría ciega, sorda y
muda. Tanto penaba Dhyana, por lo que se le había quitado un día, que añoraba
olvidarse que lo había tenido.
En el mundo establecido para Dhyana, era la
vergüenza un sentimiento acostumbrado, si no fuera por el bochorno, le hubiera
gustado ser diferente. Valerse por sí misma también era un problema; cuando uno
está rodeado de tantas manos que pueden dar ternura, es imposible acostumbrarse
a la caricia de un golpe.
Dhyana perdió su existencia entre las
miradas despiadadas y la indiferencia, aunque agudizó su mirada de las cosas,
el salero de la mesa tenía doce agujeritos de la misma circunferencia, el
aceite pegado al vidrio parecía cera de abejas, las voces de aquella familia,
se alejaban entre los laberintos de arabescos, ¡Hasta parecían verdades los
veredictos de locura!
Los
niños que jugaban en la vereda no compartían su mismo paso, aún aferrada a sus
manos, ella se sentía a muchos kilómetros de distancia. Prefería parecer, estar
cerca, se dibujaba una picara sonrisa; bufón era, actriz y cantante de una
mojiganga de ella misma… como para poder reírse de algo.
-Nadie con quien hablar y contarle mi eterna
pena, cansada de tratar de vivir mi niñez, frustrada por no crecer rápido,
incapaz de poder imaginar el sentido que pudo haber tenido mi nacimiento, si
así he de morir. ¿Solo por el hecho de existir, he venido? ¡Por eso visito el muro,
porque aquí estoy sin amor!- dijo Dhyana, levantando la mejilla del mantel.-
-Algo mejor deberá sucederle.- Pensó la
mujer.
Continuará- con el 6-
miércoles, 25 de septiembre de 2013
Asado Advaita
Voy cumpliendo con las fotos comunidad!!
Jorge Maldonado hablando de Tantra -Mariela Lopez- yo (el burro por delante) y Silvina
Allí donde despiertan las almas -3-
Hasta la misma tierra vibraba bajo los pies
del chiquillo, no supo qué hacer; todos sus movimientos, causaban alguna
especie de dolor.
-Tal vez por ello, antes no quería ver- Le
contestó a Amón como si éste le hubiese hablado.
Se quedaron varias horas sentados, espalda,
contra espalda.
En donde se posara la mirada, se formaba
una historia.
Una fila prolongadísima de hormigas negras
que se dirigían hacia su apeadero, las había de varios tamaños; las guerreras
eran las más grandes, las obreras eran muy pequeñas, aunque cargaban hojas enormes
sobre ellas. Algunas llevaban larvas a
punto de nacer y otras escoltaban a los cascarudos convivientes. El surco se
fue tornando más y más hondo, el pasto se fue apartando por temor y por
cansancio, hasta que el cortejo de la reina marcó el claro de la cola del
camino. Un ejército de hormigas magnánimas, preocupadas, vigilando los flancos;
varias obreras limpiaban las partículas del paso, y ella, la soberana,
levantando sus antenas hacia el niño como si quisiera hacerle entender, que no
había una razón ni por qué de su acción, solo había que hacerlo.
De pronto, el pequeño, se percató, por el
ruido, de que varios gorriones comían de la mano del abuelo; una familia de
tres pajaritos robaban las pequeñas migas del piso, dos de aquellas criaturas,
padre y madre, parecían ser solo un poco más grandes que los copos de pan,
mientras que, el que debería ser el pequeño pichón, les doblaba en tamaño y
demandas. Aquella pícara avecilla reclamaba cada partícula de alimento de sus
padres, mientras él, robaba del pico mismo, a los gorriones vecinos. Una
párvula bolita alada, se plantó frente al niño;
supo que lo miraba a él, aunque
moviera inquieta la cabecilla, le parloteó en su idioma, pero el niño entendió,
quería su alimento.
Nunca antes pudo ver aquellas miradas tan instintivas; había ojos que lo observaban, latían
por doquier hasta en lo más impensado.
Aprendió, entonces, que existe otra clase
de amor, sin ternura, sin reflexión, sin manos y sin razón.
El abuelo, lo miró tiernamente, rozó su
nariz con el dedo índice y el niño volvió a cerrar los ojos.
viernes, 20 de septiembre de 2013
lunes, 16 de septiembre de 2013
Vigila tu mente
Progresando
en la vida espiritual, comenzamos a buscar lo esencial; los maestros hablan
mucho de la esencia; nos damos cuenta que, por las presiones de la sociedad y
las propias necesidades del cuerpo, nos impide, siquiera llegar a comprender
realmente qué es lo esencial. No podemos dejar de “desear” y tener miedo. No
logramos obedecer a nuestros maestros, en algo tan simple como “dejar de pensar
tanto”.
El
maestro Nisargadatta Maharaj habla sobre este tema muy claramente:
Él
dice que las imposiciones de la sociedad y las circunstancias no importan
mucho, y es verdad porque ante cualquier situación, por lo general actuamos de
forma mecánica, reacción a los impactos.
En
cualquier situación bastaría con observarse a sí mismo, aislándonos de lo que
está ocurriendo, nos daríamos cuenta de ello. Por ejemplo:
Cuando
despertamos en la mañana, realizamos tareas mecánicas, nuestro buen humor se
debe a si llueve o no, si hay agua caliente y si el café no se quema.
Mecánicamente salimos de casa, siguiendo el mismo camino de siempre, etc. Todas
tareas realizadas mecánicamente. Las reacciones son repetitivas al igual que el
impacto. Si pudiéramos observar algún día la escena, sin identificarnos, sin
adoptar el personaje, y atestiguáramos la película, seríamos más responsables
con nosotros mismos.
Veríamos
que el mundo no tiene el sentido que le damos, no nos ocuparíamos tanto de
nuestros pensamientos, especialmente si dejamos de juzgar y de juzgarnos,
sabríamos que la verdad es que ni el mundo, ni el pensamiento, verdaderamente
existen. Lo único real es lo que no cambia. Si pudiéramos descubrir, qué parte
de nosotros mismos no se modifica, no muta, no se altera, nos encaminaríamos hacia
nuestra esencia.
Me
encanta darles ejemplos prácticos y cotidianos para entender mejor al maestro
Nisargadatta, con pequeñas historias:
Una
muchacha llega de su trabajo, enojada porque en el subte la empujaron hacia
afuera del vagón y tuvo que esperar otra formación. Antes de que eso pasara,
estaba distraída pensando en lo que cenaría aquella noche, tratando de adivinar
qué es lo que su heladera contenía. Al entrar, sintió muy vacío el
departamento, oscuro, frío; prendió todas las luces y encendió las estufas
mecánicamente; recordó su edad y sintió pena de sí misma por no tener una
familia. Si hubiera tenido un hijo cuando estaba en pareja por lo menos no me
sentiría tan sola, no sería la solterona de la familia, por qué cortó con su
pareja de tantos años, por qué no aguantó, tal vez hubiera podido recomponer y
ahora estaría con él. Mientras pensaba en esto, comió un tostado con café,
frente al televisor; al final, antes de dormir hizo una lista sobre lo que
tenía que hacer para ser feliz.
Si
leyéramos sin identificarnos con esta historia, lo primero que notaríamos que
la muchacha no está viviendo su presente, o sea, que ni siquiera está en la
escena. Ella recuerda, se emociona e imagina lo que le pudo haber sucedido. Posiblemente
la mujer al ver el departamento oscuro y frío, añoró alguna escena del pasado. Los
maestros nos enseñan a que lo que consideramos real, en verdad no lo es. Lo que
la muchacha imagina sobre el hijo y la pareja, es imaginación y actuará según
lo que imaginó, hizo una listo sobre lo que debía hacer (Tengo que buscar una
pareja, tengo que tener un hijo, así los demás no me verán como la solterona,
entonces seré feliz)
Ustedes
me dirán que todo lo que se plantea esta señorita es real (¡Pero es así! Son proyectos)
No
se trata de no proyectar, se debe programar, debemos disciplinarnos en el
mundo, se debe defender la realidad; pero la realidad más elevada. No somos
solo una corriente de acontecimientos; si la muchacha del relato no se hubiera
perdido el subte, sus pensamientos hubieran sido otros, ¿Entonces ella sería
otra? ¿Por qué defender la posición de que somos todo lo que imaginamos, lo que
recordamos, lo que nos sucede?
El
proceso mental es evidente en el cuentito de la chica del subte; una acción,
despertó una reacción de enojo, la oscuridad y el frío, estimularon un
recuerdo, se sintió sola infeliz, se convence a sí misma de que antes, con una
pareja vivía mejor, fue desgraciada, culpable. La mente siempre relaciona un
hecho con la experiencia de lo vivido, inmediatamente después, imagina. Todo
basado en la experiencia, adicionando lo que se ve en la televisión, la
cultura, etc., La niña termina con el listado de cosas que “tiene que hacer”
basado en lo que pensó. En síntesis, creyó que lo que imaginaba, era la
realidad.
Tómense
un tiempo, para observar sus mentes. Pueden tomar el ejemplo de la muchacha del
subte, ¿Qué pensaron cuando lo leían? ¿Se identificaron con ella? ¿Despertó en
ustedes algún recuerdo propio, imaginaron otro final?
Bueno,
eso mismo hacen ustedes a cada instante de sus vidas. Pero si no paramos a
observar nuestros pensamientos, serán más fácil dejar de identificarnos.
Si
la joven del cuento, no hubiera creído que la pérdida del subte y la oscuridad
del departamento, NO ERAN EN CONTRA SUYA. Ella no era la frustración, soledad,
hambre, frío, soltería. Ella puede experimentar un sentimiento, NO ES UN
SENTIMIENTO. Porque éstos cambian todo el tiempo, sin embargo, en todos estos
años he hablado con personas que creen que son sus circunstancias, sus
recuerdos, sus proyecciones, sus imaginaciones. Y mientras tanto, como la mujer
del cuento, no ven su presente.
Experimenten
“el testigo” observen la escena, sin juzgar, solo véanlo. Trabajen y observen. “denle
al Cesar, lo que es del Cesar” y a ustedes lo de ustedes. Utilicen la
mente como instrumento, ustedes no son
sus mentes.
Mientras
observan sus pensamientos, cualquiera sea, pregúntense, ¿quién es el que ve
estos pensamientos?
Es
buen comienzo para ver vuestra esencia.
Susana
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